El arte de trabajar la cerámica ha sido una labor casi tan antigua como la misma historia de la humanidad, diversos pueblos y culturas han dejado registro de un inmenso legado reflejado en las ánforas; recipientes de gran tamaño en cerámica, de forma ovoidal, cuello alargado y dos asas. Al parecer, estas vasijas datan del periodo neolítico en todo el territorio Euroasiático y cuyos vestigios se encuentran en la cultura Yangshao en China y Georigia; está última reivindica el uso de las Ánforas mucho antes que los mismos Romanos.

La ánforas, popularmente eran utilizadas por los Griegos y Romanos para almacenar alimentos básicos como el agua, el vino, las aceitunas, el aceite y los cereales, lo cual demuestra la gran necesidad de conservar y transportar productos, un claro ejemplo de su economía. Aunque el uso de estos contenedores se reservaba casi que exclusivamente para fines utilitarios no decorativos, en Grecia se fabricaron ánforas pintadas para ceremonias, funerales y eventos sociales, con diseños que diferían de los tradicionales, pues contaban con una base firme y boca ancha.

Si bien hasta el siglo VII d.C se elaboraron las ánforas a gran escala para luego ser reemplazadas en utilidad por contenedores de madera y piel, la influencia posterior que brindó estos grandes jarrones a la cultura China y otros lugares del este de Asia, logró dar paso a una nueva y refinada forma de cerámica decorativa de la más alta calidad, que aún hoy en día es muy apreciada, especialmente en el mundo del arte y la decoración.